San Francisco

September 11, 2012

El sol sigue saliendo cada mañana. Y como es septiembre, por fin se ve en la bahía de San Francisco, donde el mes de agosto es quizá el menos veraniego de todo el año a causa de la densa niebla que cubre la ciudad casi a diario por el contraste de temperatura entre el frío Pacífico y el cálido interior de la costa.

Miro con el rabillo del ojo hacia atrás y en realidad no ha pasado tanto tiempo en comparación con todas las cosas que he vivido. Este verano está siendo sin duda muy especial y diferente de lo que he hecho hasta ahora.

A mediados de agosto cruzo bajo el Golden Gate con una niebla tan densa que aún estando justo debajo de él, no deja ver sus arcos colgantes. Nada más atravesarlo, giro a babor hacia Sausalito, que es mi base. Los amarres en la ciudad son bastante limitados y las marinas no son tan cómodas como las de este lado del puente. Estamos a tan solo 3 millas de la ciudad por mar, y muy bien conectados con un servicio de ferry en el que puedo montar con mi bici, que es el medio de transporte más cómodo para la ciudad a pesar de sus míticas calles en cuesta, que intento evitar.


Tengo una larga lista de mantenimiento y mejoras para el barco, que comenzamos a poner en marcha en el astillero. Tras una semana hago un paréntesis para poder salir a navegar por la bahía y disfrutar del espectáculo de los catamaranes de ala rígida AC45 que participan en la Americas Cup World Series. No sólo de ellos sino también del espectacular Hydroptére, el barco a vela más rápido del mundo, que con sus 25 metros de manga y sus foils consigue acelerar hasta los 50 nudos volando sobre el agua. Y de fondo cientos de barcos navegando a vela aprovechando los 20 a 25 nudos que la bahía ofrece a diario. En una esquina se celebra el campeonato norteamericano de Melges 24, en la otra un campeonato mundial de 18ft Skiffs. La fama de este lugar para la vela es bien merecida.

A pesar de estar muy entretenido con el programa de navegación y mantenimiento, consigo escapar a ver amigos en la ciudad y explorarla un poco. Al principio el choque de la civilización después de dos meses entre los bosques de Canadá y Alaska, es duro. Pero pronto mi alter ego urbanita toma el control de la situación.

En medio de todo el lío recibo una invitación de boda de una buena amiga, que se casa en medio del desierto de Nevada durante un evento del que había oído hace pocos años, Burning Man. No sé muy bien si se trata de un festival, una romería pagana u otra cosa en medio, pero todo cuadra para poder escaparme unos días a descubrirlo. La experiencia resulta ser una mezcla de supervivencia en medio del desierto, explosión de creatividad, arte, música, expresividad, interacción humana, … mi pequeña aportación al gran circo del desierto es como DJ/cantante/animador en el Lemonade Stand, que es mi campamento base (podéis escuchar algo de lo que sucedió en http://soundcloud.com/djmadden-1/sept-2012-dj-madden-the-1 ).


Vuelta a la ciudad bordeando el famoso lago Tahoe y parada obligatoria a darse un baño para intentar deshacerse del polvo del desierto. Llego a San Francisco el domingo por la noche y el lunes a las 8 de la mañana estoy cruzando el Golden Gate en bici porque es festivo y no hay ferry temprano. Tengo que llegar al St Francis Yacht Club para salir a entrenar para participar en la Rolex Bg Boat Series en el IRC52 Meanie. Es un diseño de Reichel Pugh basado en los TP52, pero optimizado para regatas offshore. El barco es un poco más pesado que los TPs que participan en nuestra clase y es la primera regata que hace con su nuevo armador al timón. La tripulación es un auténtico lujazo. La mitad de tripulantes son neozelandeses que andan por aquí navegando o trabajando en la organización de la Copa América, participando en la regata de 18ft Skiff, y la otra mitad americanos con mucha experiencia y títulos a sus espaldas. Una media de edad bastante joven, campeones del mundo de match race, de vela ligera, … ningún ego, mucho respeto y mucha experiencia. 

La regata no va todo lo bien que esperábamos, con algunos errores tácticos gordos e intentando averiguar el modo de navegar el barco en recorridos inshore. Al final nos conformamos con un cuarto puesto en la clase, pero todos nos alegramos de las nuevas amistades y del gustazo que ha sido navegar en este pepino de barco.

Ahora estoy de nuevo en el astillero intentando avanzar la lista de mejoras y revisiones antes de seguir navegando hacia el sur. En menos de dos semanas espero estar soltando amarras de nuevo.

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