Rumbo Asia

June 23, 2013

El traumatólogo afirmó "No he visto jamás a nadie recuperarse de un tobillo roto en tres meses". A pesar de mi tozudez y de las cinco semanas de trabajo de rehabilitación con el equipo de Health & Sport en Tenerife, yo no era una excepción. Cojeaba, el tobillo se me hinchaba (mucho, por cierto) y supongo que esa sensación molesta en la articulación entraba dentro de la categoría de dolor. Sin embargo, tres meses de vacaciones forzosas empezaban a ser excesivos para mi cabeza. 

Este verano cumpliré 30 años, un bonito número que me había propuesto celebrar si era necesario durante lo que durara la estación. Para no sentirme demasiado mal conmigo mismo por tomar una determinación tan salvaje (pasar el verano entre Barcelona, Ibiza y Mallorca buscando trabajo de DJ y liándola lo máximo posible), me puse una condición "lo hago, si no me sale un trabajo impresionante para esta temporada". 

No estoy escribiendo desde Barcelona ni Baleares, o sea que ya os imagináis que algo interesante salió. Para dar más pistas, las casi 24 horas de viaje no le sentaron demasiado bien a mi tobillo, que durante unos días pasó a ser llamado Sr. Sandía por el volumen que consiguió alcanzar. Aterrizo en la isla Malasia de Langkawi para unirme a la tripulación del Swan 68 "Titania". El barco se encuentra fuera del agua para terminar trabajos de preparación y revisión antes de zarpar. El astillero de Bosteds cuenta con unas instalaciones impresionantes, incluyendo dos gigantes hangares y un travelift de 500 toneladas. Además son un astillero especializado en embarcaciones de metal, por lo que hay varios veleros de hierro y aluminio realizando reparaciones. 

Durante mis primeros diez días en la isla salgo bastante poco de la sala de máquinas. Es el primer barco en bastante tiempo en el que no soy el capitán, sino "mate", o segundo de a bordo. O al menos eso creía, ya que nada más llegar se me presenta a todo el mundo como "engineer", lo cual significa que como en la isla la mano de obra especializada no abunda, me toca a mí realizar las revisiones, mantenimientos y reparaciones de motor, generador, aire acondicionado, neveras, fontanería… un poquito de todo. Estoy encantado porque la verdad es que me gusta todo lo relacionado con los sistemas de los barcos, pero no paro de repetir que al que se le ocurriót el diseño y situación de instalaciones deberían darle un premio por borrico. Tras cambiar un par de filtros y tuberías tengo las manos y brazos de arañazos como si me hubiera metido a separar una pelea de tigres de bengala.

Por fin llega el momento de la primera travesía. 1.300 millas desde Langkawi hasta Bali. El plan de ruta inicial sugería una parada en Singapur para repostar, pero una vez calculado los consumos y nuestra capacidad de 1.800 litros de gasoil, consideramos la opción de hacerlo de una vez. La navegación es muy tranquila, prácticamente siempre a motor menos cuando aparece un chubasco típico al estar tan próximos al ecuador, que vienen cargaditos de lluvia y viento. Corriendo a poner uno o dos rizos en la mayor, según lo negra que sea la nube y la pinta que tenga la tormenta en el radar y a disfrutar surfeando hasta que pase la nube y vuelta al calor y motorada. A pesar de la tranquilidad, la capitana, Gina, tiene una buena lista de trabajos pendientes que nos asigna a cada uno para tenernos entretenidos. A mí en concreto me toca lidiar con muchos cambios de filtro de gasoil y limpieza de racor, ya que los dos primeros tanques de gasoil que utilizamos están bastante llenos de porquería. El combustible marino por estas latitudes no pasa muchos controles de calidad parece ser. Sin embargo a pesar detener el sonido del motor ya incorporado en la cabeza, me resulta increíble estar descubriendo esta parte del mundo en barco. Las salidas y puestas de sol y luna son espectaculares. El estrecho de Malacca, el Mar de Java, los encuentros con los pescadores Indonesios en sus pintorescas barcas adornadas, el paisaje plagado de diminutas islas forradas de selva tropical… me están dando lo que necesitaba tras tres meses sin poder navegar. Me he sentido en familia desde el primer día con la nueva tripulación, trabajamos mucho, pero siempre con risas y mucha alegría. Así da gusto. 

Realizamos el cruce del ecuador como manda la tradición, con una visita de Neptuno que bautizó a los tres no iniciados con un suculento porridge, un mejunje de alcohol, cereales, leche y algún resto de rancho que rondaba por la nevera. Brindamos con champán y alguien corrió al baño a ver si el agua giraba en sentido contrario.

Tras mucho motor, muchos cambios de filtros de gasoil (el combustible en Asia es malísimo) y algún chubasco más, llegamos a Bali. Eran las seis de la mañana y nos tomamos con calma la llegada ya que hasta las ocho no podríamos pasar aduanas. Recogimos todo y preparamos para amarrar por fuera del puerto de Benoa, donde se encontraba haciendo lo mismo el Rainbow Warrior de Greenpeace. Me sorprende la cantidad de plástico y basura que hay en el agua, es un problema en toda Indonesia. La cultura local en cuanto a residuos es quemar la basura en cualquier descampado o tirarla al río o al mar. Cuando uno piensa desde Europa en Bali e Indonesia, no es esta la imagen que le viene a uno a la cabeza, pero es algo realmente exagerado. Algunos locales influyentes en el mundodel surf están promoviendo campañas de limpieza de playas y concienciación medioambiental, pero la realidad es que pasarán muchas generaciones hasta que esto pare o comience a mejorar.

Bali me ha sorprendido gratamente en otros muchos sentidos. Ya venía con recomendaciones de amigos que conocían la isla y la capitana ha estado aquí más de seis veces por temporadas, o sea que es fácil comenzar a disfrutar nada más poner un pie en tierra. Aunque yo fui el que se bajó del barco más tarde de toda la tripulación, ya que por todos los problemas de gasoil que habíamos tenido, el agente que se dedica a todos nuestros trámites nos ha conseguido alguien que venga a limpiar los tanques y me toca a mí quedarme con él filtrando el combustible y pringándonos bien de diesel. Por lo menos el personaje en cuestión es un holandés que lleva más de quince años en la isla y no para de entretenerme con historias de sus peripecias en su anterior vida de lujuria y perversión cuando la rupia estaba súper devaluada. Ahora está reformado, hace deporte, ha perdido peso y es un trabajador y atento marido de dos esposas indonesias.

Combinamos el trabajo con el placer, levantándonos cada día a las 6.30-7 de la mañana para ir a surfear antes de comenzar con las listas de trabajo. Y si es posible vemos también la puesta de sol cogiendo olas cada tarde. Después nos vamos a cenar por Seminyak o Sanur antes de repetir el día de la marmota surfera. 

Bali es una isla muy turística, la oferta de hoteles y casas de alquiler es inmensa y para todos los bolsillos. Se puede encontrar una habitación por alrededor de 8 dólares la noche en cama compartida con chinches, o habitaciones en resorts de superlujo desde 300 dólares la noche. Yo para disfrutar de mis días libres he venido a la zona de Canggu a Mote Surfstay (www.motesurfstay.com). Un pequeño hotel de 13 habitaciones inaugurado en enero de este año que es regentado por Mote, español afincado en la isla hace varios años ya. Altamente recomendable por instalaciones, trato, situación y precio. A sólo unos minutos de las playas de Echo Beach, Batu Bolong y Brawa, fuera del barullo de Seminyak y Kuta, pero lo suficientemente cerca para poder hacer incursiones nocturnas. Por ahora mi parada favorita en el pueblo es el warung (restaurante) Canteen, para desayunar después de haber surfeado tempranito. He encontrado muchos españoles por aquí, algunos pasando temporada de dos o tres meses, otros ya instalados y con negocios en la isla, como Graciela y Víctor que fabrican aquí unas camisetas guapísimas de las que no he tenido más remedio que comprar medio catálogo. Su marca es Hollow Barrel y venden en España, no os las perdáis en hollow-barrel.blogspot.com.

Pasamos un fin de semana fondeados en la vecina isla de Nusa Lempongan, donde me sorprendieron las tremendas corrientes de más de 5 nudos que hacían que pareciera que estábamos fondeados en un río, el espectacular buceo con unos arrecifes de coral y vida marina espectaculares, y sin duda la experiencia de nadar con mantas rayas.

 El martes continuamos la ruta, siguiente parada Komodo para bucear y desde ahí rumbo a Fiji con, espero, escala en Nueva Caledonia. Ya haré yo que el routing cuadre para hacer el desvío.

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