Nunca te pares

Esta vez sí que es complicado empezar a escribir. No sé si se notaría en mi último texto, pero aunque quería quitarle importancia, volvía a zarpar a intentar las mil millas con unos ánimos bastante bajos y sinceramente, con poca confianza en el barco. Es una sensación desagradable y que me causó mucha ansiedad, que había notado incluso a través de una dermatitis brutal además de nervios y una sensación bastante negativa. De todas formas algo dentro de mí me animaba a seguir adelante. Es parte de la aventura, fallar, aprender, mejorar y continuar.

Ya tengo el barco preparado, estoy ansioso por soltar amarras y comenzar poco a poco a recorrer la ruta establecida por la Clase Mini para esta parte de la clasificación para la Mini Transat, la "Calif". Aún así hay un parte de Tramontana fuerte en el Golfo de León que tengo que esperar a que pase, y aún cuando el viento empieza a bajar, debo de esperar mínimo una noche más para que el mar de fondo también calme un poco.

Sigue sin ser un parte óptimo para salir, ya que tengo previsión de viento de norte de unos 15 nudos, lo cual significa comenzar las primeras 50 millas de travesía hasta el primer punto de paso con viento y olas de proa, que me permitirán ir haciendo camino, pero no muy rápido y además yendo totalmente mojado, embarcando agua, achicando la que se filtra por la fogonadura del palo y dios sabe por dónde más… Pero no importa, esta es la definitiva y aunque el comienzo es un poco duro, yo estoy listo para ser más duro aún y paso las primeras 10 horas ciñendo llevando el timón a mano para ir lo más rápido posible y no perder ni un segundo hasta llegar a ese primer punto de control. Es muy importante llegar allí bien para empezar a quitarme malos rollos de encima. Me he marcado varias etapas y necesito empezar a conseguir objetivos cuanto antes para animarme.

Grabo el primer paso de boya, el barco se ha ido portando bien, aunque estoy como si hubiera subido nadando en vez de navegando. Parece que me haya estado bañando todo el camino, lo bueno es que al ser final de septiembre el agua está aún bastante caliente tras todo el verano acumulando la energía del sol, por lo que cada vez que me pasaba una ola por encima, aún era refrescante.

Mi siguiente rumbo hacia la isla de Porqueroles, más o menos a medio camino entre el Golfo y Giraglia, es un través. Navego con el génova grande y dos rizos en la mayor. Decido navegar desde el principio con el génova en vez del solent, porque es más grande y me ayuda mucho mejor a pasar la ola. Prefiero probar a tener más vela en proa y quitar mayor y da bastante buen resultado. Como la intensidad del viento seguía siendo de 15-20 nudos y vamos bastante rápido, mantengo esta configuración para no gastar energía quitando y poniendo rizos, ya que prefiero pasar la primera noche siendo conservador y yendo de menos a más si es necesario. Para confirmar mi acierto, el viento ha ido subiendo hasta 25 nudos y empezamos a ir un poco pasados. Vamos a 8-9 nudos y empieza a haber planeadas de 12 cuando viene una ola grande y tenemos que caer para no comérnosla, pero haciendo esto nos desviamos mucho del rumbo o sea que decido quitar el génova y pasar el resto de la noche sólo con la mayor y dos rizos.

A la mañana siguiente el viento bajó, salió el sol y pude seguir navegando con genaker, génova y toda la mayor. Monte el súper tenderete con toda la ropa que había quedado empapada el día anterior a secar por todo el barco y disfruto de una navegación tranquila. He pasado las primeras 24 horas sin contratiempos y me empiezo a relajar, pero estoy poco a poco alejándome de la casilla de salida. Psicológicamente me presiona bastante tener alguna avería seria en algún punto lejano, que me obligara a parar en Dios sabe dónde a reparar, y tener que darme la vuelta sin conseguir la clasificación. De todas formas intento separar estos pensamientos negativos y centrarme en navegar. Además, con las prisas y nervios para salir me he olvidado el iPod y no me he traído ni un triste libro para matar el tiempo… llevo un par de CDs rayados a bordo y poco más, o sea que más me vale tener viento y entretenerme navegando.

Sigue pasando el tiempo y el viento suave y de través o ligeramente de popa. Hace buena temperatura de día y no hace mucho frío de noche, puedo poner el piloto automático y descansar bastante, como bien… los primeros días avanzo bastante y no fuerzo nada demasiado, tengo mucha suerte con el tiempo, hasta que empiezan las encalmadas llegando a Giraglia, la pequeña isla que corona el norte de Córcega con su faro y que da nombre a una de las más famosas regatas Rolex del Mediterráneo. Consigo pasarla muy despacito y sigo avanzando con 5-8 nudos de viento hacia la isla de Elba. Hacía unos años que había estado por aquí al subir un CNB64 en el que trabajé un verano desde Túnez hacia Italia. No recordaba lo guapo que empieza a ser el paisaje por aquí con la isla de Elba, Montecristo, Pianosa, Córcega en mi popa… lo malo es que el viento sigue siendo muy flojo y mi avance es angustioso. Además la noche frente a Elba el viento literalmente desaparece y sufro una extraña invasión de libélulas. Derrepente en medio de la oscuridad empiezo a escuchar ruido de insectos mientras floto en una balsa de aceite. Enciendo mi frontal y veo una libélula como desorientada, apoyada boca abajo en la bañera. Lo encuentro curioso y la muevo para que salga volando pero no consigue orientarse y vuelve a caer de forma extraña. Sigo mirando y no es una, sino dos, tres… hasta veinte libélulas rojas, negras y verdes volando a mi alrededor como si les hubieran estropeado los sentidos. Es bastante agobiante, no consigo espantarlas y aparecen desde todos sitios. Me encierro dentro del barco y no paro de oír en zumbido de sus alas. En medio de la oscuridad y ya con el cansancio de un par de días navegando tan lento, es un momento un poco propio de Aracnofobia o peor aún, cualquier otra película de terror de serie B con insectos asesinos como protagonistas. Por suerte en un par de horas entra una pequeña brisa de ceñida y consigo cargarme y sacar del barco a todas mis incómodas visitantes y me acerco a Elba, donde sobre las 6 de la mañana tengo que dar un par de viradas para esquivar unos ferrys que obviamente no piensan desviarse de su rumbo ni un grado para esquivar a un navegante solitario.

Esta noche sufro el primer susto debido al cansancio. Tras haber dormido muy poco intentando hacer andar el barco con cada mínima racha de viento y haber esquivado los ferrys, aún tengo que dar un par de bordos para pasar Elba. Estoy en el bordo que apunta hacia la isla, y calculo que me queda unos 40 minutos hasta llegar a su costa. No quiero virar demasiado cerca de ella por si baja el viento aún más pegándome a su costa, pero decido cerrar los ojos 20 minutos para descansar un poco ya que estoy totalmente muerto. Salto de pánico fuera de mi profundísimo sueño "¡NO HE PUESTO EL DESPERTADOR!" Corriendo me asomo a comprobar a cuánto estamos de la costa, pero por suerte no han pasado más que exactamente los 20 minutos que tenía pensado descansar. Esta vez el cuerpo ha funcionado correctamente y algún extraño reloj biológico de alerta me ha despertado justo a tiempo, pero si me llego a dormir más profundo unos minutos más, podía haber chocado contra las rocas y haberme bajado caminando directamente en la plaza del pueblo… Lección aprendida, hay que ser mucho más estrictos con el protocolo del sueño. Dejar todo asegurado antes de ir a dormir, a ser posible con ningún obstáculo en la proa (y menos aún una isla de 30 mil habitantes) y sobre todo PONER EL DESPERTADOR, y más de uno a ser posible. Por si acaso.

El viaje sigue sin contratiempos, y ya estoy acercándome a la costa italiana, a la Isla del Giglio, el Monte Argentario… y a lo lejos ya se vislumbra una pequeña montañita que es Giannutri, el punto de control más al este del recorrido. Después de una larga ceñida con muy poco viento, viro y preparo el spi grande ya que el viento es totalmente a favor. Además parece que sube un poco más de intensidad y empiezo a caminar a 5-6 nudos y a rumbo directo. Tomás Molina, prestigioso meteorólogo catalán y buen amigo, ha estado enviándome la información sobre el viento en mensajes a mi teléfono móvil y me da una gran noticia, hay previsión de dos días de viento de Levante para mi vuelta.

Hasta la isla de Elba avanzo muy bien. Me cogen un par de chubascos con mucha lluvia justo llegando a la isla de vuelta y aprovecho para darme una ducha ecológica gracias a la madre naturaleza, lo cual me sienta muy bien. Un par de horas más tarde el sol vuelve a salir y el viento se refuerza, regalándome una estupenda popa a toda velocidad hasta Giraglia con 15 nudos de viento de Sureste.

Al pasar Giraglia de vuelta me encuentro con el desvente de la isla de Córcega. Un calma casi total debido a que la isla hace sombra y no me ayuda a moverme ni un metro. Veo que más al norte se ve el mar un poco más animado y pongo proa hacia esas pequeñas rachas que de vez en cuando van entrando durante unos segundos y me ayudan a caminar un poco, hasta que el viento se establece y por la noche empieza a subir hasta los 15 nudos, que es realmente ideal para disfrutar planeando con el Mini a toda vela y totalmente bajo control.

Durante esta noche paso más de cinco horas llevando el barco a mano, disfrutando de los planeos continuos y comiendo millas como un loco, con una media de 9-10 nudos constantes de velocidad y planeos de hasta 12 nudos. A las 5 de la mañana estoy muerto de cansancio y necesito dormir. Bajo el spi y pruebo a poner el génova en orejas de burro tal como me han recomendado antes Nacho Ortí y Gerard Marín, comprobando que así el piloto automático lleva el barco sin problemas y bajando máximo un nudo de velocidad, !Gran descubrimiento!

Al despertarme ya descansado decido poner un rizo en la mayor y volver a izar spi para aprovechar los 15 nudos de viento que soplan aún más fuerte en las rachas, pero aquí noto la primera señal de mi cuerpo de que no está preparado ni concentrado. Mientras monto las escotas mi cabeza no para de hablar, dando un discurso horrible, en plan conferencia hablando de ni me acuerdo qué chorrada, mientras yo intento hacer algo importante. Esta falta de concentración y exceso de cansancio acumulado se transforma en que el spi se cae al agua y queda destrozado, al igual que los cuernos separadores del tangón. Sacar una vela de 70 metros cuadrados del agua con 20 nudos de viento no es nada fácil, sobre todo estando solo. Continúo con orejas de burro y el viento sigue subiendo hasta establecerse en 22-24 nudos, con lo que mi velocidad sigue estando todo el rato encima de 10 nudos y las planeadas son puro sufrí. La adrenalina se dispara, con una sonrisa en la cara y ya totalmente convencido de que el barco aguantará, me entrego al disfrute y sigo planeando durante horas, hasta llegar a la boya del Golfo de León, otra vez de noche.

En este momento el viento ya está establecido sobre los 25 nudos todo el rato. He visto alguna racha de 30 y 33 nudos en el anemómetro y el rumbo directo hacia Barcelona es un través. Las olas que se veían grandes cuando las surfeaba yendo a su favor, se ven aún mayores en cuanto giro mi proa ligeramente hacia ellas. En pocos segundos estoy totalmente empapado de nuevo, las olas pasan por encima del barco… mejor dicho el barco parece pasar por debajo del agua todo el rato. Va a ser una noche dura de viento y mar, además la previsión es que aumente. Viendo el panorama, recuerdo historias de otros ministras que cuentan haber estado metidos dentro del barco días enteros esperando a pasar un temporal. Pongo tres rizos en la mayor y saco el tormentín, que aún no había montado nunca… es una vela muy guapa, naranja fosforescente, pequeñita, pero me ayudará bien a hacerme camino en medio de este temporal. Una vez amarinado el barco, entro y cierro la escotilla. Estoy totalmente empapado, me quito toda la ropa, me seco y me pongo la ropa térmica y un polar secos. El barco parece aguantar muy bien con esta configuración de velas y el piloto automático, haciendo hasta 8 nudos constantes y yendo a rumbo directo, con lo que decido ponerme cómodo y descansar, y dejar que sea el piloto automático (cariñosamente llamado Lucas) el que me saque de aquí. Asomo la cabeza de vez en cuando pero sólo se ve oscuridad absoluta, negro por todos sitios, ruido de viento y encima me caen olas. Mejor quedarse dentro vigilando que el rumbo y la velocidad sean correctos, descansar lo máximo posible y esperar a que salga el sol.

A las 7 de la mañana he atravesado el Golfo y estoy ya bastante cerca de Cadaqués. El viento ha bajado un poco aunque el mar queda para recordar la que se ha liado esta noche. La táctica ha funcionado bien, estoy descansado, he hecho bastante camino y estoy listo para ponerme el traje de agua y las botas, aún empapadas, para ponerme a ceñir para llegar al Cabo Begur. Tengo que esquivar arrastreros durante toda la mañana.

El viento empieza a rolar un poco a norte y avanzo al través hacia Barcelona. Tengo aún que llegar a una boya justo enfrente de la ciudad antes de volver al puerto de partida en L'Escala. Son poco más de 120 millas ida y vuelta, además ya estoy en tierras conocidas. Esperaba que saber eso me lo hiciera todo más rápido, pero el viento no acompaña y la llegada a Barcelona se hace larguísima. Estoy a menos de veinte millas de Barcelona, ya empiezo a vislumbrar la torre Agbar con sus luces azules, el Hotel Arts, una mancha blanca al fondo que es el Hotel W. Un mar grande y desordenado me mueve como si fuera una maraca, y el viento está en calma. Van entrando rachas de unos pocos segundos de duración, una de estribor, otra de babor, una de proa y la siguiente de popa. Tengo que estar atento y trimar las velas todo el rato para aprovechar estos pequeños empujones y llegar de una vez al último punto de control. Cuando lo consigo son las 5 de la mañana y estoy muerto, pero por lo menos parece que ya ha entrado un poco de viento más establecido de norte para dar la vuelta y seguir navegando. Pongo el rumbo más directo que puedo y me meto a dormir, cruzo los dedos para que el viento se mantenga así y el barco vaya andando recto aunque sea un par de horas, aunque sea a 4 nudos de velocidad, para poder dormir. Pero la alarma del piloto no para de pitar anunciándome que el viento está rolando una y otra vez. Un chubasco con una lluvia muy fuerte me pasa por encima y durante casi una hora nos pega desde arriba como si estuvieran dando con la Karcher… Menuda mañanita. Un poco más tarde sale el sol, con las nubes y un arco iris gigante sobre Masnou comienzo a ceñir, esta vez ya con viento de verdad. Me toca seguir esquivando arrastreros o sea que hay que estar alerta. Por fin estamos en camino, 50 millas y a casa.

Para poner la guinda al pastel, 15 nudos de viento y un bonito sol de atardecer me impulsan en popa desde Cabo Begur, pasando al lado de las Islas Medas, hasta justo enfrente de Cala Montgó… el Log del GPS marca: TRIP 1.001 NM, son casi las 7 de la tarde. Han pasado 7 días y 11 horas. Aún tengo que aprender mucho sobre el barco, pero la sensación de miedo que tenía al salir ha desaparecido totalmente. Mi amigo ha aguantado todo tipo de condiciones sin venirse abajo, entregándome planeos de 16 nudos de velocidad y cuidándome durante el camino. Qué gran experiencia y qué buena sensación de triunfo, al fin, tras las derrotas anteriores… He aprendido más, estoy mejor preparado. Ansioso por continuar.

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