No da lo mismo seis que sesenta

Todos conocemos el dicho "hay trenes que sólo pasan una vez". Popularmente usado para motivar la espontaneidad - el carpe diem. Supongo que es una de mis cualidades, que con el tiempo además voy perfeccionando. Me refiero a identificar estas oportunidades y reorganizar mi vida en un segundo para intentar no perderme ninguna. Aunque, no nos engañemos, muchas veces salto al tren porque, utilizando otro dicho, "me apunto a un bombardeo".

Central Lechera Asturiana IMOCA 60

Sirva esta breve introducción para comentaros mi última pequeña aventura. Ya estoy en plena temporada de trabajo con el Trébol, los fines de semana hacemos alguna regata o navegamos por Baleares, y entre semana me dedico a preparar el barco y reparar los detalles que puedan surgir. La semana pasada daba la casualidad de que, tras la regata de San Juan, que finalizaba en Pollença, habíamos ido hasta el Náutico de Palma para poder reparar allí un par de cosas. Agradable coincidencia, a la mañana siguiente de nuestra arribada, empezaban a llegar los IMOCA (barcos de 60 pies con los que se hacen regatas oceánicas en solitario o a dos como la Vendée Globe o Barcelona World Race)  de la vuelta a España para realizar la última etapa Mallorca-Barcelona. Entre las tripulaciones de los 8 barcos, muchos amigos: Aleix Gelabert que ahora compagina su preparación en Mini con la preparación del proyecto para la BWR de Anna Corbella, Rubén Castells, preparador del Estrella Damm y compañero de aventuras en el Samsara, Pachi con su sonrisa permanente en el W Hoteles,… y otro que últimamente veo muy poco porque anda liado con su preparación olímpica en Star, Fernando Rivero, que estaba haciendo un par de etapas en el Central Lechera. Esa misma tarde durante la entrega de trofeos de la etapa en la piscina del Náutico estábamos charlando, cuando salió el tema de que tenía que ir a Barcelona a hacer un par de trámites. Justo lo estábamos comentando y Fran Palacios, el co-patrón de Juan Merediz, me dice "pues nos hace falta uno para esta última etapa… ¿te vienes?". La verdad es que no tenía ninguna prisa por montarme en un IMOCA, pero justo ahora, en una etapa relativamente corta, en regata… vamos, que no tardé ni un segundo en decirle que contaran conmigo.

Mi plan era ir a Barcelona un par de días para vaciar mi piso ya que se acaba el alquiler. Estar allí un par de días para hacerlo todo con calma y aprovechar mientras fabricaban y reparaban un par de piezas para el Trébol. Cambio radical de planes, salimos en regata a las 12 de la mañana para hacer el recorrido Palma - Palamós - Barcelona. La maniobra del barco no me parece complicada, no es la primera vez que navego en un barco con quilla basculante, el mástil es giratorio pero tampoco tiene mayor misterio que rotarlo en cada virada hacia el lado que toque. Además somos cinco y nos distribuimos cada puesto para hacer todo. Lo que me impresiona un poco nada más salir es lo tremendamente físico que es el barco. Aún con los cofees y winches, izar una vela enrollable hasta el tope del enorme mástil, es duro. Lo mismo para bajar y subir las derivas que con la presión del agua ofrecen mucha resistencia. Los IMOCA son barcos, por compararlo con algo, similares a los Minis - diseñados para ser muy rápidos en vientos portantes, sobredimensionados en aparejo y velas, con mucha manga y formas muy potentes. Con lo cual aunque el barco mida 20 metros de largo, su palo y superficie vélica corresponde perfectamente a un 80 o 90 pies "de crucero", en el que no se concebiría no poner todos los winches y enrolladores eléctricos o hidráulicos.

Salimos bien posicionados pero tenemos que rendirnos a los diseños más nuevos que cuentan entre otras diferencias, con 3 metros más de palo que nosotros, una gran ventaja con el ligero viento de 7 nudos que sopla. Aún así es impresionante ver como el barco crea viento aparente y la corredera llega en ocasiones hasta 14 nudos de velocidad, casi el doble del viento real. La sensación de velocidad no es demasiada en estas condiciones, pero seguro que debe haber sido muy distinto en la etapa larga bajando por la costa portuguesa, a más de 25 nudos con spinaker, surfeando olas.

Tras pasar la isla Dragonera tomamos una buena opción separándonos de la costa buscando más viento. Yo ya estaba familiarizado con esta costa y sus condiciones tras la travesía desde Sóller a Palma un par de días antes. La noche transcurre bien, un poco lenta debido a la falta de viento, pero cómoda ya que estos barcos caminan aunque sólo soplen 3 nuditos. Hacemos guardias de dos horas, turnándose Fran y Juan al timón como entrenamiento para la Barcelona World Race, Pinacho y Fernando como apoyo y yo hago de "invitado", o sea que medio estoy en todas las guardias y ayudo en todas las maniobras. Con la coña de ser el "invitado" tras más de 24 horas en el barco no podía evitar la broma de "si soy el invitado, me voy a dormir… que vaya bien, ¡no rompáis nada!". 

Nuestro pique personal con el Gaes de Anna Corbella, nos hacía presionar todo el rato. A pesar de que su barco es más moderno y rápido, nunca llegaron a estar excesivamente lejos, con lo que no parábamos de pensar en tácticas y maneras de intentar acercarnos. Además al tener los barcos AIS y conexión a internet para ir viendo el tracker de la regata, vas viendo en todo momento los roles del resto de la flota, con qué viento y a qué velocidad navegan, dándote herramientas para tomar decisiones. ¡Muy divertido!

Problemas a bordo, el hook del código cero se quedaba enganchado cada vez que lo subíamos y había que subir a Pinacho al tope del mástil para que lo desenganchara a mano. Me imagino haciendo algo similar en solitario o a dos con 30 nudos de viento en medio de algún océano y me da bastante mal rollo. En el Mini todo este tipo de contratiempos y averías, a pesar de requerir de fuerza y conocimientos para resolverse, son menos peligrosos. Las cargas son mucho menores, todo pesa mil veces menos… y vaya, que no es lo mismo estar subido a un palo de 12 metros que a uno de 35.

Pasamos a pocas millas de Barcelona sobre las 12 del mediodía, 24 horas después de la salida. Aún así nos queda todavía subir hasta la marca de la losa de Palamós y volver a bajar. Hay 10 nudos de viento y vamos andando bien de velocidad, pero con las encalmadas de principio de la noche y demás no cruzamos la línea de llegada hasta las 4 de la mañana. 40 horas para completar la etapa.

Una experiencia nueva, un primer contacto con los IMOCA en un barco bien preparado y con una tripulación divertida y bien preparada. Me alegro mucho de haber podido compartir y aprender un poco más de vela oceánica junto con Juan y Fran. Estoy seguro de que lo harán muy bien en la Barcelona World Race, que sale este 31 de diciembre. Como le comenté a Juan al despedirme, os seguiré muy de cerca, que tengáis mucha suerte.

Ya estoy de nuevo en el Trébol con todo arreglado y rumbo a Formentera, pero con la cabeza puesta cada vez más en el Mini y ansioso por que llegue septiembre y las siguientes regatas. En cuanto pueda me escaparé de nuevo a Barcelona a terminar de poner el barco a punto de nuevo y seguir navegando.

Go Back



Comment