Mini Barcelona - La Ley de Murphy

La Mini Barcelona ha sido la última de la temporada oficial de Minis para este año. Hicimos una versión acortada del recorrido, de 215 millas, debido a la previsión de vientos de Tramontana y Mistral que nos lo pondrían muy complicado para completar el recorrido con salida en Barcelona destino a Palamós, desde allí a la Plataforma Petrolera Casablanca cerca de Tarragona, y vuelta a Barcelona.

Salimos a las tres de la tarde, muy puntuales, con una brisa de levante que apareció justo unos minutos antes de dar la señal de atención. Después de una corta ceñida de demarque izamos todos los genakers para poner rumbo norte, aunque el viento empieza a ponerse de morro y tras un par de horas ya estamos ciñendo.

Buena salida

Hago una salida muy buena y voy muy rápido. Mi barco en ceñida es un avión, estoy muy contento con como voy. Se hace de noche temprano, sobre las 7 de la tarde ya no hay sol y me concentro en los relojes de la electrónica para ir a tope de ángulo y velocidad durante varias horas seguidas al timón. Cuando estoy a 8 millas de Palamós, empezamos a tener algunas encalmadas complicadas porque el viento es de tierra. Se me acerca un barco desde atrás con una racha mientras yo estoy parado sin viento. Es el Defi GDE de Nicolas Boidevezi, uno de los mejores protos. Parece impresionado de verme por ahí, y yo tampoco entiendo nada. O yo voy muy delante, o él ha pinchado. Como pude comprobar al volver a tierra y comentar mi comienzo de regata, la primera opción era la correcta, había hecho una primera ceñida buenísima.

El viento se pone un poco de través y hay que izar el genaker de nuevo, aunque en menos de diez minutos hay que volverlo a enrollar porque el viento vuelve a la proa. Cuando suelto la escota para enrollar, la vela flamea ligeramente y derrepente oigo un ruido y dejo de ver la vela a proa en la oscuridad. Enciendo mi frontal y compruebo que el botalón se ha partido en dos trozos por la mitad. Se me cae el alma a los pies, estoy navegando muy bien, tengo un spinaker nuevo gigante con el que confiaba en volar en la popa en cuanto tomara la boya en un par de millas… y me he dejado el botalón de repuesto en tierra porque al ser una regata relativamente corta, no me imaginaba que pudiera romperse y no quería llevarlo estorbando dentro del barco. La ley de Murphy, si algo puede salir mal, saldrá mal.


Bajo el genaker sin poderlo enrollar y recojo la maniobra. Desmonto la parte delantera del botalón y me pongo a pensar la forma de repararlo con los medios que tengo a bordo. Tras un par de intentos fallidos consigo hacer algo medio sólido metiendo las dos barras de acero de las bombas de achique por dentro del tubo a la altura que se partió, y amarrando una llave inglesa y el bichero con muchos lashings de cabo. Lamentablemente no es una reparación suficiente para aguantar la tensión de los spis, pero me sirve bien para poder poner el génova en orejas de burro cuando el viento se ponga en popa cerrada. Aún queda mucha regata por delante y con el viento de tierra tan orlón y racheado, no tiro la toalla. Aunque puedo despedirme de luchar por los puestos de cabeza, hay que terminar para sumar las millas clasificatorias.

Chapuza de botalón
Tras la primera noche, al amanecer, compruebo que aún tengo muchos barcos detrás. Debía ir muy delante y navegando en orejas de burro no he perdido tanto. Seguramente muchos de mis rivales no han navegado toda la noche con spi porque aprovecharían para descansar en algún momento y bajarían el ritmo, o sea que sigo con el pelotón.

Por la tarde comienza a subir el viento al llegar a la zona de influencia del Delta del Ebro, hasta que llega el fuerte Mistral que nos lleva hasta la Petrolera. Hay que tener cuidado para virar porque hay una corriente increíble y con viento fuerte y en solitario las maniobras se complican. Una vez pasada la plataforma volvemos rumbo a Barcelona con 25 nudos de viento, pero hay bastante popa o sea que la cosa se me sigue complicando.

Nacho Ortí y Didac están encalmados frente al Port Olímpic mientras yo llego luchando con Nicolas Groux ciñendo hacia la boya del Besós. Nos vamos acercando a ellos, pero al final como el tramo de menos de 5 millas era en popa y con el botalón reparado no podía forzar mucho, Nicolas me consiguió sacar unos metros de ventaja y entré justo después de él. 

Objetivo conseguido, más millas para acercarme a la clasificación de la Mini Transat. Una lástima que no haya podido estar en la lucha por el podium, pero está claro que hay que seguir navegando, mejorando el barco y aprendiendo. Las sensaciones con el barco son muy buenas y siento que evoluciono muchísimo, sobre todo este último mes tras la Calif y esta regata, corta pero intensa.

Mi próxima parada es Malta para hacer la Middle Sea Race a bordo del Swan 56 La Floresta del Mar, con una tripulación de lujo. Otra experiencia más de vela de altura para "acabar" la temporada de competiciones. Os la contaré también, que seguro que va a ser increíble.

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