Mala suerte, Buena suerte

Son las 3 de la mañana del 23 de diciembre. Estoy de vuelta en Barcelona, acabo de llegar a mi casa.

He pasado unos días muy intensos, llenos de emociones y experiencias comprimidas en un cortísimo tiempo. El lunes 21 mi amigo Borja Stampa soltaba las amarras del Samsara en el RCNB. Era un día gris, lluvioso, pero el parte meteorológico indicaba que era el primero de tres días de viento y mar de sur que subirían las temperaturas y me ayudarían a subir rápido hasta mi primer waypoint en el Golfo de León. La salida de Barcelona fue un poco lenta, el viento que anunciaban los partes no hacía su aparición, pero ansioso y con ganas de salir me eché al mar a flotar, convencido de que el viento llegaría pronto. Y así fué, una hora y media después de soltar amarras, una brisa de 9 nudos del través hinchaba mi mayor y mi código cero. No eran las condiciones que esperaba, y encima lloviznaba, pero estaba ahí con el barco cargado de provisiones y muchísima ilusión.

Saliendo de Barcelona GSHOCK

Un poco más adelante el viento empezó a irse a la popa y pude cambiar la vela de proa por el spi grande, la cosa se empezaba a animar y esto ya era el viento que esperaba, 12-15 nudos de sur que me llevaban fácilmente hasta los 8 nudos, aunque se notaba que el barco estaba cargado de agua, balsa salvavidas, material de seguridad... Otras veces cuando he salido a navegar con el barco vacío es mucho más agil al arrancar, aunque una vez empezado el planeo sigue siendo una máquina - es como si no quisiera parar.

Todo bien, voy realizando maniobras, sube un poco el viento y el mar. No he avanzado muchas millas para todo el rato que llevo en el agua, pero es que el comienzo ha sido muy lento al costarme llegar a la zona de viento. Aún así, empiezo a coger ritmo y estoy muy contento. Con el viento que hace puedo ir tranquilo y llegaré al Golfo de León sobre las 2 o 3 de la mañana. En cuanto empieza a oscurecer, como el viento parece que sube un poco y el parte más al norte es de más viento y más ola, pongo dos rizos a la mayor y cambio el spi por el pequeño. Quiero ser conservador, navegar con vela suficiente para ir rápido, pero que el piloto automático pueda dominar el barco cuando me toque ponerlo para tomar posiciones en la carta o rellenar el libro de bitácora. Antes de las seis de la tarde ya es de noche, pero no hace nada de frío... estoy contentísimo y muy ilusionado.

Tengo que ir trasluchando porque el viento es muy de popa para ir hacia Cabo Bagur, pero he entrenado bastante y no me preocupa. Decido hacer bordos más largos hacia fuera, para no tener que hacer tantas maniobras de noche. Estoy cerca de tierra y empiezo a notar el pequeño desvente de alguna montaña, o sea que traslucho hacia fuera con idea de poner el piloto, abrigarme y empezar a organizar el modo de navegación nocturna... un millón de cosas pasan por mi cabeza, menos lo que está a punto de ocurrir. "BOOM!" y el espí se va hacia sotavento. Es algo que pasa a menudo (cuando no se está atento a la braza de barlovento). El botalón se sostiene por un cabo de spectra que lo aguanta hacia abajo, y las brazas una por cada banda. La de barlovento siempre ha de ir ligeramente más cazada, para que el botalón quede un poco a barlovento y contrarreste la fuerza del spi. Creo que he tardado en darle caña a la braza nueva de barlovento tras la maniobra, o quizá es que le he dado demasiado poco... no me preocupa demasiado porque me ha pasado varias veces. Arrío el spi sin problemas porque no hace mucho viento, pero es entonces cuando veo algunas cosas que no me cuadran entre la oscuridad de la proa.

El botalón partido

Qué sensación más agria... tras observar el estropicio del tangón y ver que no tiene solución reflexiono unos momentos "Y hora qué?" Ojalá hubiera pensado en grabar mi cara en ese momento. Como se viene abajo toda la ilusión por un factor no calculado previamente. Se rompe en mil pedazos y se te queda cara de chimpancé cabreado.

Miro mi GPS y veo que estoy muy cerca de Blanes, a tres millas al norte exactamente. Miro en mis cartas la entrada al puerto porque nunca he estado allí y subo el foque para ceñir hasta la bocana. Una vez allí me amarro en el muelle de la gasolinera del Club de Vela y un simpático marinero viene a interesarse por mí. La verdad es que su simpatía y sus ganas de ayudar me reconfortaron muchísimo. Me dió la tarjeta para entrar a las duchas y me metí bajo el agua caliente un buen rato para apartar los sentimientos de agobio y pensar con claridad. Creo que he hecho lo más lógico. He tenido suerte de haber roto algo tan esencial como el botalón, tan cerca de tierra y tan cerca de la salida. Tener una avería así en medio del tramo entre Golfo de León y norte de Córcega es estar en tierra de nadie, a muchas horas de un refugio seguro.

Decido levantarme antes del amanecer a comprobar si hace buen viento para subir navegando hasta Barcelona, ni mucho ni demasiado poco. Será ciñendo, eso seguro, pero me da igual. Tengo que volver al puerto base y empezar a organizar la reparación... he descansado muy bien y a las 8 de la mañana ya estoy ciñendo con una ligera brisa. Estoy mucho más tranquilo que ayer nada más romper. Es increíble como nuestros sentimientos y emociones son a veces incontrolables. Por un lado, era totalmente posible tener cualquier tipo de avería irreparable, es parte de la aventura, pero sabiendo eso de antemano ¿por qué la decepción tan grande que me llevé? Pensaba que todas mis experiencias anteriores me habían hecho más duro respecto a estas situaciones, pero veo que sigo siendo bastante sensible. Lo bueno, que mi parte "racional" toma el control de la "emocional" y aporta soluciones para el problema real. El berrinche se pasa solo.

Esta pequeña salida "de prueba" me ha servido para ver cuales han sido mis errores y aciertos en la planificación de mi primera travesía larga en solitario. Reorganizar el interior del barco para hacer más rápido y cómodo el "matossage" (reparto de los pesos, sobre todo bidones de agua dulce, por el interior del barco para mejorar la navegación). Llevar más repuestos de cosas que se puedan romper. Dos botalones, seguro. Piezas del timón, Organizar mejor la cabullería de respeto. Preparar mejor el sistema de toma de rizos. Entrenar más las maniobras. Seguir observando los partes meteorológicos.

Estoy muy ilusionado por reparar, esperemos que esta vez de forma definitiva, el frágil botalón, y en cuanto haya un parte favorable volver a atacar!! Y con todo lo que ya sé y un poquito de todo lo nuevo aprenido, afrontar la "Calif" con éxito.

En breve fotos y videos... ahora se me caen los ojos de sueño.

¡¡MUCHAS GRACIAS POR EL APOYO!! No os imagináis la alegría y fuerza que me da cada mensajito en la web.

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