La calma tras la tempestad

El verano es para mí hace unos años una etapa intensiva de trabajo. Desde que decidí dedicarme profesionalmente a ser patrón, el invierno es una etapa con mucho tiempo libre. Mejor dicho, con mucha flexibilidad para organizar mi tiempo, porque el trabajo y el stress de las reparaciones y preparación de la temporada es en ocasiones una auténtica locura.

Este año, al menos por ahora, está siendo un poco al revés. Estoy trabajando y navegando con el Trébol por Baleares desde final de mayo, pero adquirir esta "rutina" y verme obligado a desconectar del Mini durante unas semanas está siendo bastante agradecido. El mes de regatas en Francia me dejó bastante molido a nivel físico y sobre todo psicológico y económico. Quizá por eso he tardado tanto en volver a escribir. No me apetecía hacer una crónica de lo mal que estaba, trabajando mucho para conseguir pagar las deudas y ansioso por que llegara un día como hoy, en el que me siento tranquilo, con casi todo en su sitio o al menos bien encaminado.

Samsara ya tiene mástil. El palo nuevo está muy bien, es el mismo perfil que el anterior pero de acastillaje está bastante mejor. Aproveché un par de días en Barcelona antes de la regata de St Joan con el Trébol para pincharlo, esta vez "a la francesa", ayudándome de las drizas de los dos barcos que tenía a los lados.

Ha habido varias cosas malas a la vuelta a España. No voy a contarlas porque espero que se solucionen muy pronto y den un giro de 180 grados, ahora que ya tengo fuerzas de nuevo para reivindicar algunas cosas y pienso hacerlo. No soy un superhéroe, no soy nadie especial ni merezco más ni menos que cualquier otra persona, pero sí que sé que he escogido un camino apasionante que poca gente se atreve a recorrer, y ya es suficientemente difícil por sí solo como para que me pongan obstáculos y dificultades quienes se supone que deberían apoyarme.

Por otro lado, estoy muy contento de la reacción de Casio G-Shock a mi vuelta. Me han felicitado y están muy contentos de la labor realizada en Francia, a pesar de la mala suerte con las averías. "Ponerme la corbata cada mañana para venir a la oficina es lo más osado que se me ocurre hacer", me comentaba Jesús Oliver, para demostrarme su admiración por la aventura. Sólo puedo decir gracias por ese apoyo y espero que vayamos creciendo juntos para lograr todo lo que nos propongamos.

Este verano me lo planteo como una oportunidad para descansar la cabeza un poco, centrándome en el trabajo, entrenamiento físico y más adelante, preparación de las regatas de septiembre y octubre, además de la "calif" de 1.000 millas que me queda pendiente.

Mientras tanto otros muchos sueños y proyectos aparecen por medio para seguir dándome preciosas motivaciones para despertarme cada día con una sonrisa en la cara. Además de estar feliz por estar navegando, descubriendo y conociendo más a fondo paisajes y personas, que hacen que el tiempo no importe mientras se disfruta de su belleza y compañía.

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