200 millas a 2 de Altea - ida y vuelta

March 10, 2011

Me pensaba que la próxima vez que escribiría sería para relatoras la regata de las 200 millas a 2, pero creo que es quedarse corto para todo lo que hemos navegado y vivido en estas dos semanas.

Las regatas de Mini incluyen la ida y la vuelta.

Respecto a la ida, el transporte desde Barcelona a Altea fue bastante cómodo, como ya relaté. Luego los días de preparación del barco allí fueron bastante productivos. Monté un sistema para regular la altura del botalón navegando y pulí pequeños detalles del barco, que está impecable. Lo único que me faltaba era mi esperada nueva vela de proa, que jubilará al génova actual que ya ha sufrido más de 2.000 millas de perrerías y está bastante resentido. Su baluma hace mucho que perdió la forma y si te pones a repasarlo con la vista encuentras bastantes agujeros repartidos por toda la vela, sobre todo en las zonas de puños de escota por los esfuerzos que ha sufrido. Como siempre a última hora, llega la vela la noche antes de la salida. Ansioso la monto y la izo con Joan, tiene una pinta espectacular, hasta que una vez arriba nos llevamos una desagradable sorpresa. La vela que han hecho es un foque por delante de los obenques, mucho más pequeña de lo que debería ser. El solent/génova/foque o como queráis llamar a la vela de proa del mini, ha de ser una vela muy polivalente. Es increíble pero la usamos para ceñir desde 0 a 30 nudos de viento, y luego de reaching con viento fuerte en las ocasiones en las que el genaker no entra por ángulo o intensidad del viento. Después de semanas entrenando con Rubén, lo que me quedó claro es que si los demás van con génovas por detrás de los obenques, hay que llevar lo mismo. Alguna vez hemos probado de salir uno con génova y el otro con foque y la diferencia de velocidad es enorme. Me quedo bastante tocado, pero decido que teniendo por delante 100 millas de regata de ceñida con viento de 8 a 12 nudos, lo mejor que podemos hacer es llevarnos el génova viejo al hotel para parchearlo y dejarlo lo mejor posible, y usarlo en vez de la vela nueva.

El recorrido de la regata es salida en Altea, vuelta a Ibiza por el norte, paso de Los Freus, baliza en Formentera y vuelta a Altea. Es a dos y voy con Joan Gironés. Un grandísimo amigo y mejor navegante, ahí queda eso… ¡con él me hago las 200 millas de Altea y la Barcelona World Race si hace falta! 

El viento tarda un poco en entrar a la bahía y la línea de salida es larguísima, en previsión a los 50 cruceros que salen justo después de los minis. Mientras esperamos a que se pueda dar la salida, escuchamos la retransmisión en directo de RNE. Aunque el lado de la boya está muy favorecido, parece que por tierra no hay viento, o sea que nuestra opción es salir a mitad de linea y enseguida virar a babor para encontrar el viento de fuera de la bahía de Calpe antes que los demás. Nuestro gozo en un pozo, justo en el último minuto se llena de viento todo el campo de regatas, como si estuviera contratado para esa hora en punto, y al virar toda la flota estamos a sotavento de todos, y con casi 500 metros de separación lateral. Una mala posición para empezar, ya que no hay baliza de desmarque y este bordo se alargará hasta Ibiza, sin viradas ni opciones tácticas. Aguantamos muy bien con Nacho Ortí y Rubén, que tienen su pelea particular. Están a menos de cuatro esloras todo el rato durante horas, y nosotros les aguantamos cuadrados pero con esos 500 o 600 metros de sotavento. El viento es muy complicado, con pequeños roles de 10 grados todo el rato y con una intensidad de 8-12 nudos que hace muy exigente llevar el barco, hay que estar atento o si no en unos segundos te sacan metros difíciles de recuperar. Nuestra opción es el role a la derecha que se está produciendo al llegar a Ibiza. Como somos los que más a la derecha estamos del campo de regatas, aún parece que no está todo perdido…

Cuando empieza a dar malo el bordo en el que vamos, ya que el viento ya ha rolado más de 40 grados a la derecha, viramos. Quizá hubiera sido bueno aguantar un poco más y entrar bien en el role, pero visto en el tracking los demás no tardaron mucho más en virar, o sea que no fue tan anticipado. Joan y yo estamos haciendo guardias de dos horas al timón desde la salida y funciona bastante bien. El barco va todo el rato rápido y navegando muy bonito. Desde luego creo que estamos al 100% de nuestras posibilidades en cuanto a velocidad y rendimiento, contando con que al final llevamos el génova antiguo. Durante la noche el ritmo no para, navegamos con la vela de proa iluminada y atentos a la electrónica para no bajar ángulo ni velocidad. Todo parece ir bien hasta que sobre las 4 de la mañana, el viento baja de intensidad… hasta calmar en absoluto. Nada de viento, 0 nudos y un incómodo mar que ha quedado de fondo son el escenario que nos rodea.

Seguimos nuestras guardias de 2 horas, mientras la corredera marca 0.0 de velocidad, aunque por acción de la corriente o de alguna fuerza magnética terrestre, avanzamos poquito a poco, adelantando a algunos de los cruceros más grandes. La noche se hace dura psicológicamente, las calmas son lo peor en estas regatas, sobre todo porque esperas que todo el mundo esté igual que tú, pero mala suerte para nosotros en esta ocasión, los demás parece que aún consiguen avanzar unas millas más antes de encalmarse.

Al amanecer, Didac, con su Zero Cristalljoia, aparece a barlovento nuestro a casi dos millas. Seguimos encalmados, ponemos el código cero en un intento desesperado de aprovechar la mínima racha de aire en movimiento, pero no hay mucho que hacer hasta las 12 del mediodía, cuando vuelve a aparecer el viento y empezamos una lucha de viradas por el norte de Ibiza hasta llegar a la isla de Tagomago.

Izamos psi y empezamos a bajar dirección a los Freus. Aún no hemos conseguido alcanzar a Didac que incluso parece que nos ha alargado distancia. Además cada vez que trasluchamos el viento nos rola al revés de lo que nos viene bien, y no una ni dos veces… TODAS las trasluchadas que hacemos son a contrarrole. Al menos el viento va subiendo y el barco se pone a planear y disfrutamos navegando, aún viendo nuestras opciones en la regata cada vez peor. El paso de los Freus de noche es muy guapo, no hay luna, sólo se ven las luces blancas parpadeantes de señalización  del canal. Yo lo conozco perfectamente, llevo dos años navegando aquí todo el verano y pasándolo de un lado a otro de día y de noche. Las trasluchadas nos salen espectaculares y el barco está yendo rápido, deducimos que tenemos al Cristalljoia a poco más de una milla por la proa, nos espera aún una larga lucha de más de 50 millas por delante para pasarle.

Decidimos optar por el lado de la derecha al salir de Formentera. Es cierto que el parte daba algo más de viento al sur de Formentera, pero hace unos meses, con el mismo viento, en la regata Calpe-Formentera, el viento se iba hacia el norte al acercarse al peñón de Ifach, con lo cual el bordo de la derecha nos pareció mejor opción. Al final resultó así, y a mitad de la noche cambiamos de spi grande a genaker y génova, para poder ir más directos a rumbo con mejor velocidad. Intentar orzar con viento y el spi es un error. El barco escora mucho y no corre más de 6.5 nudos. En cambio con el genaker el barco va mucho más cómodo y subimos a 7 y 8 nudos de velocidad fácilmente, además de poder apuntar al rumbo que nos interesaba. Ese fue mi razonamiento de Barrio Sésamo para explicarle el peeling a Joan "si queremos subir, ponemos la vela de subir, si queremos bajar, ponemos la de bajar". Si es que tengo una manera de explicarme que cualquiera me lleva la contraria…

Vuelve a amanecer y estamos al través del Peñón de Ifach, a escasas 7 millas de la llegada. Vemos una vela en la proa que intuimos que es Didac. Toda la noche de trabajo y velocidad y no hemos sido capaces de alcanzarle, al menos eso nos parece. Hago la llamada por radio al comité a 3 millas de la llegada y seguimos acercándonos a la línea de meta, cuando aprece otra vela cuadrada algo más adelante. Es Rubén, luchando con una calma pegado a la playa, intentando llegar. Al rato escucho a Didac dar su llamada de 3 millas para la llegada - ¡le hemos pasado! El barco con el que nos hemos peleado toda la noche intentando superarle es un Archimbault 31… y finalmente entramos tan sólo 9 minutos después de Rubén. Una remontada genial, para quitarnos el agrio sabor de la encalmada. Luchábamos por el triunfo pero al final la suerte nos ha dado un tercero. Viendo el tracking de la regata vemos que el barco en realidad ha ido muy bien, y que ha sido el tramo de la encalmada nocturna el que nos ha dejado sin opciones. De todas formas, sólo terminar una regata de Mini de 200 millas, ya me sabe a victoria, sobre todo porque hemos ido al 100%, no ha fallado nada del barco, me he sentido muy cómodo y con todo bajo control. Hace un año todo era un aprendizaje, y ahora, aunque seguimos aprendiendo, las sensaciones son muy distintas.

Felicidades a Nacho por seguir demostrando su experiencia y dominio del Mini… y a los hermanos García por su victoria en Proto y casi victoria en tiempo real. Entraron en la bahía con un X41 haciéndoles viradas en la proa para evitar que le pasaran… grandísimo barco el Sampaquita y grandísimas manos las de Bruno y Willy que saben cómo hacerlo volar.

Comenzaba hablando de la ida y la vuelta… me queda comentar la vuelta. Las mismas 200 millas que pudimos hacer en 30 horas el lunes pasado, se convirtieron a la inversa desde Altea a Barcelona, en 58 horas, 48 de las cuales no sé cómo describirlas exactamente. Navegar en Mini en ceñida, con 25 nudos de viento, olas grandes y desordenadas de temporal Mediterráneo, dos rizos, foque pequeño, agua y humedad abundante dentro y fuera del barco… se me pasaba por la cabeza que estaba en una lavadora, en una coctelera, haciendo una marathón de Dragón Kahn en Port Aventura, que era un granito de arroz dentro de una maraca… es una prueba de las que hay que pasar de vez en cuando para comprobar que seguimos en forma física y psíquica. Con estas condiciones, el piloto lleva bastante bien el barco, y yo me meto dentro, con todo el peso a barlovento, deseando que el tiempo y las millas pasen sin hacerme desesperar. Cada 25-30 minutos máximo hay que asomar la cabeza para comprobar que no hay tráfico de barcos ni algún otro peligro, y cada vez que lo haces una ola fría te empapa la cabeza y todo lo que hayas asomado por fuera de la escotilla, para que no te pongas a descansar tan tranquilo una vez hecha la comprobación de rigor. Rubén y yo salimos a la vez, y estuvimos casi todas las primeras 24 horas bastante cerca, sin separarnos más de 3 o 4 millas. Podíamos hablar por VHF y comprobar que el otro estaba bien, pero el segundo día nos separamos y ya no he vuelto a saber nada de él. Ahora mismo supongo que está encalmado y sin batería en el móvil en algún sitio por Sitges o así… espero que llegue pronto y dé señales.

Uno de los momentos más espectaculares de la travesía ha sido la mañana del segundo día, en las proximidades de la Petrolera Casablanca. Deben ser las 8 y media de la mañana, estoy fuera y en la proa veo una espuma blanca extraña. Hay 20 nudos y algún borreguil, pero no hace tanto viento para que la espuma vuele de esa manera. Me acuerdo de las ballenas que he visto al través del aeropuerto de Barcelona al bajar a Altea, pero pienso que tampoco es normal ver tantas ballenas tan seguido en el Mediterráneo… y nada más pensarlo allí aparece. A menos de dos metros de mi proa, asoma un enorme lomo gris oscuro con un chorro de agua ruidoso. Da la sensación de moverse despacio, como acercándose a comprobar si soy un compañero de juegos. Caigo rápido para no chocar con el animal, que es bastante más grande que mi barco. Aparto el rumbo cerrando los ojos y apretando los dientes esperando alguna colisión, pero vuelvo a mirar y se ve las ondas que ha dejado sobre el agua al hundirse, sin tocarme. Vuelvo a mi rumbo y sigo mirando a los lados bastante preocupado de que vuelva a salir o que quiera hacerme una "caricia", pero de pronto justo en mi proa, pero esta vez varios metros por delante, veo el lomo gris saltando como si fuera un delfín, alejándose. Salta varias veces, dejando una explosión blanca de espuma a ambos lados. Nunca había visto nada igual, es un momento de comunión con la naturaleza increíble.

La regata que había programada en La Grande Motte este fin de semana se ha anulado finalmente por la meteorología, la intentarán recolocar más adelante. De todas formas no nos daba tiempo a llegar, deberíamos estar ahí ahora mismo haciendo los controles de seguridad. La semana que viene me voy a Turquía a traer un Azzuree 40 otra vez con Joan, y a la vuelta a seguir entrenando de cara al Gran Premio de Italia con un nuevo fichaje de tripulante que seguro que se pone las pilas muy rápido.

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Felicidades por ese tercer puesto!!! y a seguir así



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